Dirigida por Roland Emmerich en 1994, Stargate propone un viaje en el que la ciencia ficción se encuentra con la arqueología, la mitología y la fascinación por las grandes civilizaciones del pasado. A partir del descubrimiento de un misterioso artefacto en Egipto, la película imagina una puerta capaz de comunicar mundos separados por enormes distancias y plantea un juego entre historia y ficción en torno al origen de algunos de los grandes símbolos de la cultura egipcia.
El viaje del egiptólogo Daniel Jackson y de una expedición militar conduce hasta un planeta cuya sociedad, arquitectura y creencias evocan el antiguo Egipto. Pirámides, jeroglíficos, divinidades y rituales son reinterpretados desde la ciencia ficción para construir un universo en el que lo ancestral y lo tecnológico conviven constantemente.
Más allá de su dimensión de aventura, Stargate muestra la capacidad del cine para apropiarse de referentes históricos y culturales y transformarlos en nuevos imaginarios. La película juega con el misterio que todavía despiertan las grandes construcciones de la Antigüedad y con una pregunta recurrente en la ficción: cuánto conocemos realmente sobre nuestro pasado y de qué manera lo interpretamos desde el presente.
Un cine que imagina otros mundos
Uno de los elementos más destacados de Stargate es su diseño de producción y dirección artística. Escenografías monumentales, arquitectura, objetos, símbolos y vestuario construyen visualmente el encuentro entre el antiguo Egipto y una civilización extraterrestre. Un trabajo que permite descubrir cómo el cine crea universos a partir de referencias reales, transformando la historia, el arte y la arquitectura en los escenarios de mundos que nunca han existido.